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La fuga del Michoacano, ruta a colusión entre policías y cártel

Por, Áxel Chávez

Junio, 2022
En una operación en la que detonaron autos, los Michoacanos se fugaron del penal de Tula, con la posible protección de mando de la policía. Especial.

En la fuga de la cárcel de Tula de los hermanos Maldonado Mejía, jefes del cártel de los Michoacanos o Pueblos Unidos, se conjuntaron las deficiencias en el sistema de seguridad penitenciaria y posible corrupción policial con un poderoso despliegue de recursos y personas que, paso a paso, cumplieron su propósito en el peliculesco escape.

Los capos, junto a siete reos –tres recapturados las horas siguientes–, escaparon la madrugada del 1 de diciembre pasado en un operativo que mostró la incapacidad de las corporaciones municipales y estatal para frenar a un grupo que sentó sus reales en esta ciudad. De acuerdo con una fuente directa del caso, ahora ambas corporaciones son investigadas por probable colusión con este grupo del crimen organizado.

Según el testimonio de un operador confeso, para el escape de José Artemio Maldonado, El Rabias o El Michoacano, y su hermano Mariano, El Gordo o M1, hubo al menos una entrega directa de dinero a elementos de seguridad, más los privilegios con los que contaban los capos dentro del penal.

Una de estas evidencias son los teléfonos, prohibidos, que tenía el M1 en la cárcel de Tula, a través de los cuales se fraguó el plan de fuga; se ordenaron desde ahí pagos para los reclutas, compras de vehículos y armamento.

Con entrevistas directas a presuntos implicados, familiares y abogados –cuyas identidades se reservan–, partes e informes de seguridad generados aquel día, los días previos y los posteriores a la evasión de presos, radiografías de inteligencia federal sobre la operación de este cártel y sus posibles relaciones político-criminales, así como declaraciones, peritajes e intervenciones telefónicas en las que los capos dejaron rastro de cómo planearon la fuga –parte de la carpeta de investigación 16-2021-03398, a la que se tuvo acceso– se muestran los vacíos de seguridad, las omisiones en las que incurrieron posibles responsables y la presunta corrupción que permitió al Michoacano y al M1 salir de Hidalgo, donde su cártel, aliado con otros cárteles, mantiene control de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex), en un combate frontal con rivales, metal caliente en el que se forja una cadena de muerte.

La organización de los hermanos Maldonado Mejía es, con base en informes de inteligencia, una de las principales generadoras de violencia en el centro del país. Especiales.

Huellas de corrupción

VC es un chofer de transporte público de Chimalhuacán, Estado de México, que fue reclutado para la fuga del Rabias y el M1. Él declaró haber manejado una camioneta de tres y media toneladas; además, dejó indicios de la posible protección policial a Pueblos Unidos.

Antes de que el comando se dirigiera al penal, en una carretera en Tula, más o menos a las dos de la mañana, contó que “llegó una patrulla de la policía estatal y habló con ‘El Chino’ –presunto operador del cártel y a cargo de la fuga– como si ya se conocieran. No alcancé a escuchar, pero vi que ‘El Chino’ sacó de su bolsa delantera derecha dinero y se lo dio al estatal, y eso lo sé porque alcancé a ver un fajo de billetes de 500 pesos”.

VC añadió que El Chino le dijo que cuando escuchara detonaciones debía tirar sobre la carretera los ponchallantas y dirigirse al Centro de Readaptación Social (Cereso). Se fue con El Chamaco, que traía una motoneta.

Dijo que cuando tumbaron los zaguanes quebraron los candados con fierros y liberaron a los objetivos, pero que en el momento que él y otros reclutas se quisieron subir a una camioneta les cerraron la puerta. Al ver que los dejaron, se echaron a correr para el cerro, hasta que amaneció y se encontró con otro presunto implicado, El Brandon; luego los detuvieron.

Este no es el único referente sobre supuestos sobornos o la protección con la que contaban los miembros de Pueblos Unidos.

Inicialmente, José Artemio, en ese momento libre, diseñó un plan para liberar a sus hermanos Mariano, El M1, y José Antonio, El Pilo, presos en el penal de Tula. La policía lo capturó antes de que pudiera llevarlo a cabo, pero ese mismo plan –que incluía un croquis del penal, acopio de armas de alto poder y reclutamiento de sicarios– lo utilizó para realizar su propia fuga (Proceso 2362).

En una de las conversaciones intervenidas entre José Artemio y Mariano sobre el armado de la tanqueta hechiza con la que derribarían la entrada del penal y sobre pagos a sicarios, se revelan los privilegios que tenía El M1:

“Fíjate que el sábado –le contaba Mariano a su hermano– aquí va a llegar un guardia. Bueno, ese sábado y domingo. Ora que se hizo el refuego aquí, la revisión y todo bien machín, él vino y ves que te dije que se van a llevar los teléfonos, y él los guardó, güey, y a él lo revisaron y lo encueraron también, pero nada, no los encontraron donde estaban guardados. Entonces, como yo les dije que iba a ser mi cumpleaños, yo les puedo decir: ‘no, pues deme chance que el domingo, como el domingo no me traen comida, denme chance, este, de mandar a traer comida de fuera y que el domingo haga yo pues mi comida aquí con mi familia. Voy a mandar a hablar a la directora a ver qué me dice”.

Las conversaciones intervenidas, a su vez, dan cuenta que originalmente la fuga estaba planeada para el 28 o 29 de noviembre, pero El Michoacano fue detenido el día 26, en Texcoco, por probable homicidio. A partir de entonces, él se convirtió en el objetivo de su propio plan de escape.

Además de armas de alto poder y vehículos, para el operativo de los Michoacanos fluyó dinero a raudales: los comprobantes de los depósitos para reclutar sicarios y operadores cuyas fotografías intercambiaron los hermanos por WhatsApp van desde los mil, mil 900, cinco mil y hasta los 50 mil pesos… y son decenas. Aún más: en un DVD asegurado, marca Verbatim, está la imagen de una maleta con paquetes de billetes, en ligas. No eran fajos de pesos, sino de dólares.

Elementos del Ejército y la Guardia Nacional reforzaron la presencia en Hidalgo; una línea de investigación es la colusión entre la policía local y los cárteles en el estado. Especial.

Armas, en carrozas

En el brazo derecho tiene un azteca tatuado; en el antebrazo, una Muerte; en el pecho, un Cristo… son parte de un cúmulo de trazos en el cuerpo de un hombre que reconoció participar en la fuga, ahora detenido.

Él dijo que El Mono, a quien conocía porque fumaba marihuana con él en la base de camiones de la ruta 102, en Estado de México, le preguntó si quería entrarle a un trabajo: se trataba de manejar una camioneta de tres y media tonelada y cerrar unas calles, porque iba a pasar una caravana fúnebre y enterrarían a una persona. Le ofreció 20 mil pesos. Aceptó.

Asegura que, en ese momento, no sabía que se trataba del rescate de presos, aunque después, cuando se le explicaron, no se opuso. Él, como varios detenidos, sugiere que lo hizo bajo amenaza.

“De Tepotzotlán para acá me dieron la camioneta tres y media toneladas; venía arreglada como para un funeral, incluso venían dos carrosa fúnebres, una blanca y una negra con rojo, con logotipos de funeraria”.

Las carrozas, según las investigaciones, fueron utilizadas para trasladar a sicarios y operadores de la fuga, así como armamento.

A los reclutas que venían del Estado de México los trajeron en una camioneta de la ruta 102. Avanzaba la combi y levantaban personas en paradas, como si fueran pasaje, pero eran sicarios, halcones, encargados de volar los autos y de cerrar las carreteras.

Los detenidos aseguran tener un bajo perfil: oficios como campesinos, choferes o jornaleros; que aceptaron “una chamba” sin conocer todos los detalles y que, ya cuando estaban involucrados, supuestamente no pudieron recular.

Las conversaciones entre los hermanos Maldonado cuentan otra historia, la de sujetos “entrones”, que conocían de manejo de armas. De uno en particular hablaban, porque, decía quien lo reclutó, sabía usar el “lanzapapas”. La gente de aquí (de Tula) luego “no jala”, comentaron en un momento los capos; por eso trajeron de Michoacán y del Estado de México, para que no les fallaran.

El Girafa, otro personaje, que también dijo ser chofer en las rutas de Chimalhuacán, declaró que, para simular el cortejo fúnebre, que en realidad trasladaba armamento, unos chavos en un Jeep llevaron cuatro coronas de flores que en los listones no traían nombres, sólo decían: “descanse en paz”.

A unos vehículos les pusieron “FUNERALES”, con letras cromáticas, que entre todos les pegaron. A él le dijeron que esperara afuera del penal, en la avenida, abordo de una Cherokee negra.

El Chino “se encargó de ponerle la pólvora a los carritos; estos vehículos salieron como una hora antes que nosotros, y los iban manejando un chavo por carro”. Los del comando rumbo al penal llevaban uniformes “de los que parecen como soldados, y las armas: eran R15 y cuernos de chivos, y lanzapapas”.

Reconoce que ahí les dijeron que rescatarían a alguien apodado El Rabias.

El Girafa llevaba el “lanzapapas” y tenía órdenes claras: “en caso de que

contestaran los disparos los de la torre, se las iba a lanzar”.

Cuando liberaron a los Maldonado, El Chino, con la camioneta de tres y media toneladas, y los sicarios y operadores, que se subieron a la Cherokee, jalaron rumbo a un Oxxo, y ahí se le apagó la camioneta al Chino. Como iban muy pegados y manejando rápido, El Girafa estampó la Cherokee detrás de él.

“A partir de que las camionetas chocaron, todos nos tuvimos que bajar y nos fuimos corriendo. Varios se quitaron el uniforme en el cerro y luego empezaron a caminar. El Chino dijo que lo siguiéramos, pero hubo quienes se perdieron, y luego a algunos los alcanzó la policía”, declaró Girafa.

Estas personas son parte de ocho detenidas en Hidalgo por su presunta complicidad y operación en la fuga. Ellos se suman a los nueve custodios también vinculados a proceso; todos en prisión preventiva.

Custodios fueron detenidos por la evasión de presos; sus familiares aseguran que la protección, si existía, era hasta los niveles más altos. Especial.

El rebase de fuerza

A los custodios detenidos, el ministerio público los acusa de no actuar conforme al protocolo y, con ello, facilitar la huida. Ellos reprocharon en las audiencias en las que fueron vinculados a proceso que no tenían la capacidad para repeler al comando; que eran superados en número y en fuego.

Un policía, cuya identidad se reserva, narró que a las 4.30 de la mañana estaba en su descanso, cuando escuchó un fuerte ruido, se levantó y fue a la base.

«¡Son Los Michoacanos!”, oyó a un compañero decir. Regresó a colocarse su fornitura y sus botas. Escuchó más detonaciones. Se acercó a la puerta que va del pasillo o filtro B, para poner candado. Se dirigió a la puerta principal para ver si sus compañeros estaban bien y si traían armas. No hubo mucho tiempo. En diez minutos el comando liberó al Michoacano y al M1, desde el derribo de la puerta principal hasta la huida del convoy.

La familiar de uno de los custodios detenidos, cuyo nombre se protege porque fue amenazada, contó a Proceso que el personal penitenciario no tenía armas funcionales para repeler el ataque, ni capacidad de fuego. Había autogobierno: El Pilo Michoacano portaba joyas, recibía paquetes de ropa y se movía libre; el M1 pagaba por privilegios, como la comida y los teléfonos. Lo advirtieron.

En una foto que envió El Pilo a un celular que usaba El Michoacano se muestra con joyas: un collar, una esclava y un reloj plateados –prohibidos– y dice que anda “patrullando el penal”. Se movía libre, aunque él no está entre los reos fugados. Sus hermanos platicaban que estaba en otra zona, no en ese momento en la Z-0; las autoridades infieren que no alcanzó a llegar, aunque, como le dijo el Rabias, él estaba considerado en “el paquete” para la evasión, porque le aseguró por mensajes: “se van a ir en combo, eh”, “te quiero al vergazo”.

La fuente consultada fue amenazada por personal que participa en la investigación. No sólo le advirtieron de la sentencia de culpabilidad que podían hacer valer sobre su familiar –cuando esto corresponde a un juez, no a ellos–, sino que podrían implicarla como operadora de la fuga.

Las cámaras de seguridad de la autopista de cuota captan al Michoacano tras la fuga; inteligencia después conoció que se refugió en las montañas de Michoacán. Especial.

¿Saben a qué vienen?

“‘Miren, gente, ¿saben a qué vienen?’ Unos contestaron que sí y otros que no; sólo los de Michoacán ya sabían a que venían, y dijo: ‘La neta aquí va a valer verga todo. Para que sepan: vamos a ir a sacar a unos güeyes del penal’. Fue cuando nos dijo: ‘Quien quiera estar, bien, y quien no, pues de todos modos sobre su familia vamos, y cuidadito que se quieran pasar de pendejos’”.

El DH, un chofer de transporte público, de 22 años, y de Iztapalapa, en la Ciudad de México, es quien contó esta versión ante el ministerio público.

Él iba en una Suburban. Adelante del Cereso había una glorieta en la que tres patrullas cerraban el paso. Fue ahí donde comenzaron los disparos.

“Después corrimos, yo corrí como 200 metros a lo mucho y ahí me quedé.

Cuando amaneció, me regresé rumbo al pueblo, me dirigí a la casa del

mentado Chino para ver qué podía hacer o qué procedía, y fue cuando me

agarraron los policías”.

La casa, es una de seguridad ubicada en calle Acacia, manzana 36, lote 2, de la colonia Las Galaxias, en Tula, donde guardaban el armamento. El ejército y la cateó: encontró explosivos, armas, cartuchos útiles, ropa y demás indicios, pero no fue ubicada por labor de inteligencia, sino por un anónimo.

«Anda en Facebook disiendo que ayudaron a escapar a los del sereso de aqui d tula y q yebabn armas y se donde se esconden pero tengo miedo me maten por eso les doy la direccion anonimamente (…) ay estan las armas y los responsables», decía una hoja hallada dentro de un sobre en la entrada de la recepción de la División de Investigación de la PGJEH. Así llegaron a ella.

Los Michoacanos pasaron de banda que robaba gasolina en la Loma, Tepetitlán, un pueblo huachicolero con apenas decenas de familias, a grupo prioritario, con capacidad de fuego e inmerso en más negocios de la cartera criminal: el sicariato, la extorsión, el secuestro y el narcomenudeo, aliado a otros cárteles que han crecido, según inteligencia federal, al amparo del poder político local.

La recaptura y las alianzas

El pasado 18 de abril, los hermanos José Artemio y Gerardo Maldonado Mejía, líderes del cártel de Pueblos Unidos, fueron recapturados en la Ciudad de México, en un operativo en el que participaron las Unidades Especializadas en el Combate al Secuestro de Hidalgo y Michoacán, además de la Coordinación Nacional Antisecuestros de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

La detención ocurrió tras un seguimiento a los capos que se fugaron en 2021 de dos cárceles: José Artemio, El Michoacano, de la de Tula, en diciembre, y Gerardo, El Shrek, de la de Puebla, en febrero, en una operación que incluyó el rastreo en rutas remotas de las montañas de Michoacán, donde originalmente se ocultaron, así como en Hidalgo, el Estado de México y la capital del país.

La madrugada en la que el convoy armado liberó al Michoacano también se fugó Mariano Maldonado Mejía, El Gordo o M1, segundo en la estructura criminal del grupo, quien igualmente se encontraba en la zona especial Z-0, y que continúa prófugo.

Los Maldonado Mejía son una familia que, actualmente, opera el robo de hidrocarburo en el centro de Hidalgo, en la región geográfica conocida como el Valle del Mezquital, así como en los límites con Querétaro y el Estado de México, en una disputa con células regionales de la ordeña y cárteles.

Sin embargo, le antecede su origen como secuestradores de migrantes en Mexicali, Baja California, bajo el nombre de Los Emes. Aunque monopolizaban este negocio, se debilitaron con la captura de uno de los principales operadores, Lucio Maldonado Mejía, El Jabalí, quien, con el sello del grupo criminal, fue liberado del penal de Pachuca por un comando armado que interceptó un vehículo de policía que lo trasladaba a realizarse exámenes médicos, en 2012, aunque posteriormente fue recapturado. 

El mando, en aquel entonces, lo asumió El M1 y sus hermanas Reyna y Sara.

Inteligencia refiere que hace un par de años, refugiados en Hidalgo, comenzaron la extracción de crudo de los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) en la localidad de La Loma, en Tepetitlán, un pueblo erigido sobre la infraestructura que traslada el hidrocarburo desde la refinería de Tula.

Desde ahí se reestructuraron bajo el nombre de Pueblos Unidos —una supuesta alianza de poblados contra los huachicoleros— y se financiaron a través de la ordeña.

La Secretaría de Seguridad federal aseguró que el Michoacano había retomados sus actividades delictivas, liderando células de su grupo criminal con pugnas por el control del territorio contra el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Con base en informes de inteligencia a los que se tuvo acceso, uno de los aliados de los Maldonado son Los Hades, a cargo de Orlando Medina Velázquez, El Fénix, que vienen de una escisión, por la disputa entre quien quedó como jefe, y otro capo, Salvador Reséndiz Hernández, El Rex, detenido en octubre pasado, pero cuyo grupo adoptó su sobrenombre: Los Rex.

Los Hades y Pueblos Unidos, con base en los referidos informes, han crecido por la protección de alcaldes y policías de Ixmiquilpan, Zimapán, Tezontepec de Aldama, Tula, Tepetitlán, Tlaxcoapan y Chapantongo, donde centran la extracción de crudo; también, dicen dichos archivos a los que se tuvo acceso, son protegidos por la policía estatal y por ministeriales.