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Las otras víctimas del narcotráfico: madres usuarias de drogas

Tania Ortega García

Junio, 2022

“Es muy difícil ser madre, tengo tres hijos que vivieron mi ausencia […]. Ya no podía estar, sentía la adrenalina cuando me drogaba, pesaba cuarenta y nueve kilos y me gustaba porque estaba delgada, pero el cristal me quitaba el hambre”, cuenta Jessica, quien se encuentra en un proceso terapéutico en el Centro de Integración Juvenil A.C. (CIJ), gracias al cual tiene dos meses y medio en abstinencia.

El daño por el consumo de drogas incrementa problemas de salud mental y emocional. Foto: Ángel Mauricio Escobar.

Ella tiene treinta y un años y es originaria de Isidro Fabela, un municipio autónomo del Estado de México. Dos años atrás, empujada por la necesidad, comenzó a “cocinar cristal” (metanfetamina): “Mi tío me invitó a trabajar en un laboratorio, después un amigo me invitó a fumar y desde ahí comencé”, narra. Inició el consumo de cristal y siguió con cocaína, “piedra” (crack), “cuadros” (LSD) y “mona” (solventes). “Como sabían que el patrón era mi tío, pues todos me ofrecían, siempre tenía [droga], cuando me iba de fiesta eran días que me la pasaba drogándome, comenzaba a las ocho y terminaba a las ocho”.

El 15.4% de las personas con problemas de adicciones en México son mujeres, Jessica es parte de ese porcentaje, de acuerdo con el Informe sobre la Situación de la Salud Mental y el Consumo de Sustancias Psicoactivas en México 2021, el cual basa su información en la demanda de tratamiento. Por su parte, el Centro de Integración Juvenil calcula que este sector conforma entre el 20 y 30% de los pacientes.

A pesar de que la población femenina usuaria es menor —ya que el 84.6% del ámbito del consumo de drogas a nivel nacional está conformado por varones— esta se enfrenta a una doble estigmatización: ser mujeres y madres con adicción; así lo señala Ricardo Sánchez, especialista en prevención, tratamiento e investigación sobre consumo de drogas.

15.4% de la población con problemas de adicciones es mujer. Foto: Angel Mauricio Escobar.

El estigma por el uso de sustancias es aún vigente, no solamente en México, sino en todo el mundo. “Todavía se señala al usuario de drogas. No se ve el uso de drogas como una enfermedad, sino que es alguien desviado socialmente, es un vicioso, alguien que tiene poca voluntad”, dice Ricardo Sánchez Huesca, también director General del CIJ.

De acuerdo con el experto, a las madres usuarias de drogas “muchas veces les quieren quitar a los hijos; la familia y la sociedad también las rechaza, aun cuando quieren recuperarse”. Además, estas mujeres se enfrentan a limitaciones de atención en albergues, donde sólo pueden acceder sin hijos, de modo que se sitúan en una condición de vulnerabilidad mayor.

A esta problemática se enfrentó Jessica, quien fue internada en un “anexo”, un espacio donde, bajo la promesa de que la “curarían”, recibía maltratos físicos y psicológicos, como ser bañada con agua fría usando una manguera de riego. Además se distanció de sus hijos, a quienes nunca quiso involucrar en esta situación.

Las mujeres requieren servicios sensibles al género y atención a las necesidades de cuidado infantil. Foto: Angel Mauricio Escobar.

Según Ricardo Sánchez, las madres con problemas de adicciones requieren de un tratamiento especializado sensible al género, que tome en cuenta “sus condiciones específicas, su talla, su peso, su condición socioeconómica, su alimentación…”. Este también tendría que ocuparse del estigma adicional que enfrentan y ofrecer servicios informados sobre el trauma, así como atención especial a los trastornos concurrentes y a las necesidades de cuidado infantil.

Jessica ha llegado a la conclusión de que los cocineros de cristal y toda la estructura que sustenta al narcotráfico no van a cambiar; dice que durante el largo tiempo en que ella pasó por altas y bajas intensas, ese negocio se mantenía de pie, “ellos siguen ahí y seguirán”.